La pintura, música o literatura poseen una capacidad pedagógica que uno puede descubrir de diferentes maneras. Y no es que estas manifestaciones artísticas se propongan educar lineal y directamente, lo hacen a partir de su propio código humanístico. “En el relato escrito la acción sucede en mi interior”, dice José Emilio Pacheco en un texto sobre el relato de la verdad y la verdad del relato.
Las tres crisis que enfrentamos (sanitaria, educativa y económica) están íntimamente ligadas. Ésta puede ser una conclusión al leer los resultados de la Encuesta para la Medición del Impacto Covid 19 en la Educación, (Ecovid-Ed 2020), que publicó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) el pasado martes 23.
Pronto todos vamos a enfrentar el “regreso” a clases. La pandemia nos pondrá a prueba. O nos informamos bien y actuamos con responsabilidad o vamos nuevamente a fracasar. Para prevenirnos de ello, habría que discutir pública y abiertamente las distintas propuestas para retomar el aprendizaje a través de las modalidades híbrida y presencial.
La semana pasada sostuve que la supuesta “revalorización” del magisterio que ha emprendido este gobierno está basada más en una cándida narrativa hacia el maestro de educación básica que en acciones concretas. De ahí el término de “romantización”. El aprecio verbal y los símbolos rebasan a los otros elementos de la política pública. El presupuesto federal destinado al desarrollo docente, por ejemplo, se ha reducido y el apoyo real a las distintas trayectorias docentes aún brilla por su ausencia.
Una cosa que llama la atención al visitar la librería Coop en Harvard Square es el número de libros catalogados en el anaquel bajo el título de “la meritocracia y sus críticos”. Ahí, en el seno de una de las universidades más elitistas de Estados Unidos, uno puede aprender de los diversos debates (periodísticos y académicos) que cuestionan si en realidad la sociedad americana ha recompensado a las personas por su capacidad, talento y esfuerzo individual. ¿No será que otros mecanismos como las “palancas”, raza, color de piel, nepotismo e ideología operan para ubicar a los seres humanos en determinadas posiciones? ¿Es el mérito resultado directo del esfuerzo individual para merecer abundancia? ¿Más vale “lealtad que capacidad”?
Hace una semana se dieron a conocer los resultados del Censo de Población y Vivienda 2020. En tiempos en donde el presidente de la República tiende a crear realidades paralelas con base en sus “otros datos” o ataca la autonomía e independencia de ciertos órganos con el garlito de estar contra el “pueblo”, es muy valioso contar con la información producida por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), un órgano autónomo, técnico y altamente especializado.
¿Podemos sentir el triunfo y las miserias de otros pueblos como nuestras? Hace cuatro años, cuando los estadounidenses eligieron a Donald Trump como presidente, escribí que era una desgracia. Un “retroceso para la humanidad” (Trump y la derrota educativa, EF, 17/11/16). Encumbrar a un racista y demagogo no podía significar otra cosa.
Quizás haya presidentes de la República que al nombrar al secretario o secretaria de Educación Pública le otorguen cierta autonomía para actuar. ¿Qué modelo de toma de decisiones podrá desarrollar la maestra Delfina Gómez ante el actual titular del Poder Ejecutivo que incluso, dicen, él mismo designó a los subsecretarios de Esteban Moctezuma?
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.