Elecciones van y vienen. En ellas, es común observar que las y los candidatos a un puesto de elección popular prometen cambiar las cosas para terminar, luego de ganar, adoptando políticas y programas similares al de su antecesor.
Uno de los elementos más valiosos de la reforma educativa del gobierno de Enrique Peña Nieto (2013-2018) fue tratar de contrarrestar la tutela burocrático-sindical que enfrentan los maestros. Que los líderes sindicales no controlaran la carrera magisterial era una condición necesaria para, en verdad, revalorizar al magisterio y mejorar la educación pública del país.
Hace una semana, el 15 de febrero, la profesora Delfina Gómez asumió la titularidad de la Secretaría de Educación Pública (SEP) ante el presidente de la República. Su discurso iba dirigido a él. Los símbolos de Palacio Nacional fueron el escenario ideal para enlistar cuatro “líneas de acción”, que el titular del Poder Ejecutivo ya había comentado y que según la maestra, dijo estar, “muy de acuerdo porque es la base de una educación”.
La semana pasada escribí sobre el mérito y el debate que han impulsado algunos académicos estadounidenses. Pregunté en qué parte de esta discusión estamos en México y varios lectores respondieron que ni siquiera en ciernes. ¿Será verdad? ¿Acaso los universitarios estamos cómodos viendo pasar de noche el trasatlántico de la desigualdad? ¿Dónde está la crítica al valor - a veces desmedido - que le atribuimos a ciertas actividades cuando otras merecen mayor reconocimiento? ¿La productividad basada en el pago por mérito (merit-pay) ya obscureció nuestra capacidad reflexiva?
Así como a los historiadores les interesa el ejercicio o la “biografía” del poder, a los analistas de políticas nos llama la atención los modelos de decisión.
¿Qué explica que tal o cual actor político o agente escolar actúe de determinada manera? ¿Qué variables intervienen en la toma de decisiones? ¿Qué factores son controlables para el decisor, cuáles no y por qué? ¿Podría alcanzar la política educativa mayor efectividad al anticiparnos a la acción —o reacción— de otros agentes de decisión educativa?
Dice Luca Gualtieri, periodista italiano, que sin datos uno es simplemente una persona más que opina. Pero opinar ofreciendo información, motiva a tener una discusión más informada y aún así, podemos equivocarnos.
Hace apenas una semana, el movimiento contra la violencia hacia las mujeres nos mostró lo mal que funcionamos como sociedad y lo chato que puede ser un gobierno.
Ante la creciente inconformidad durante el #9M, que dio lugar a múltiples manifestaciones, entre ellas las pintas o grafiteo de fuentes, monumentos públicos y de las puertas de Palacio, algunas “buenas consciencias”, condenaron severamente las pintas: “¿chamacas revoltosas: qué ganan con eso?” “No nos pinten las paredes”, pedía por otro lado y semanas antes el presidente de la República.
Si usted es de los que piensa que una niña o niño con carencias sociales no puede aprender al parejo de su contraparte más pudiente, o que el cambio educativo solamente vendrá cuando un ser benevolente declare la cancelación de algún modelo económico o estructura injusta, debe leer con atención el análisis que hace Santiago Rincón-Gallardo en su libro, Liberar el aprendizaje: el cambio educativo como movimiento social (Nueva York: Routledge, 2019, 124 pp).
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.