Si bien la Cultura de Paz es un concepto del que ya habló María Montessori, es hasta 1970 que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) lo reconoce oficialmente y es en 1989 que se establece por primera vez el término de Cultura de Paz. La Cultura de Paz promueve que se resuelvan los conflictos a través del diálogo, la mutua comprensión y la valoración de la diversidad. Incluye principios como libertad, justicia, democracia, tolerancia, solidaridad, cooperación, pluralismo, diversidad cultural, diálogo y entendimiento
Ser docente, es decir, maestra o maestro en cualquier nivel educativo, es mucho más que “dar clase”, porque esta vocación no consiste en hacer el papel de un “proveedor” ni al estudiante le corresponde el papel de “recibir”, porque no es ningún “cliente”. No, lo significativo de esta relación educativa va más allá de esa simplificación.
Hace unos días, apareció la noticia de que el obispo Rangel estaba desaparecido, sus más allegados declararon que sin decir nada y dejando sus celulares salió de su domicilio y no regresó. Las voces de la Iglesia se hicieron escuchar exigiendo su liberación.
Con todo lo que sucede en el mundo ante circunstancias bastante complejas, reflexiono en la necesidad que tenemos que de alguna manera y desde nuestros pequeños espacios, contribuyamos para construir paz, sin conflictos, con la esperanza de un mundo con un mejor presente y un futuro menos hostil.
Como Latinoamericano, a veces me siento extraviado en un extenso continente biodiverso y heterogéneo, enfrentado a diversos desafíos por la equidad como norte de progreso.
La importancia de un desarrollo sostenible y compartido se ha convertido en una necesidad vital de sobrevivencia, lo que puede depender en gran medida de la calidad de la educación como pilar fundamental para equipar a las personas con conocimientos, habilidades y valores capaces de transformar sus vidas y la de su entorno.
Hace mucho, alguien me dijo que tener mente de aprendiz le mantenía vivo, expectante, en evolución. Y yo, al igual que la institución que represento, lo creo y vivo así. La capacidad de aprender e introyectar lo aprendido es una habilidad que se cultiva, y también es una forma de vivir, en lo individual y colectivo. Las organizaciones sociales (y todo el universo de la sociedad civil organizada) son entes vivos, que laten y respiran gracias al talento de las personas que las conforman. Estas personas, son quienes —en su más puro ejercicio del derecho a la organización y la manifestación— dan acción a las instituciones sociales.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.