La Reforma Educativa constituye una transformación profunda del modelo educativo para mejorar la calidad de la educación de México, para que los estudiantes se formen integralmente —tal como señala el Artículo 3º constitucional— y logren los aprendizajes que necesitan para ser exitosos en el siglo XXI.
El 2018 está cerca y el tiempo se le termina para tomar una definición con respecto a los grandes temas que tiene el país. No siempre va a poder escudarse detrás de una cómoda posición ambigua de querer quedar bien con todos, porque le va a suceder lo mismo que el pasado 5 de junio.
Tengo la fortuna de conocer a la mayoría de los integrantes de la Junta de Gobierno del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), son excelentes académicos con una trayectoria impecable en el ramo de la educación. Su visión nos ha permitido entender, dar rumbo y construir la educación del México que tenemos, puesto que marcaron a lo largo de su carrera, rumbo y tendencia académica con cada una de sus aportaciones en el análisis educativo, por lo cual siempre he expresado y lo seguiré haciendo, un profundo respeto hacia su trabajo en éste ámbito.
Vale la pena recordar. Durante la primera mitad de 2014 -unos meses después de aprobada la Reforma Educativa-, se celebraron en todo el país los Foros de Consulta para diseñar un nuevo Modelo Educativo, que se aplicará desde Preescolar hasta Educación Media Superior. Participaron 7428 personas.
La reforma educativa se ha tornado en un complejo laberinto de muchas entradas y con la única salida posible cancelada. La propuesta de reforma educativa ha entrado en un proceso circular de discusión – deliberación - engaño.
Un año y tres meses después, el Juez Tercero de Distrito en Materia Administrativa con sede en la Ciudad de México, nos concedió el amparo por considerar que la firma de los compromisos se traducía en violación directa al derecho a la educación establecido en el artículo 3º constitucional para el efecto de que las autoridades responsables dejen insubsistentes los acuerdos firmados con anterioridad y señaló que “existe una obligación del Estado de velar por la aplicación sin excepciones de la legislación vigente a efecto de cumplir con los estándares establecidos para el cumplimiento del derecho humano a la educación”.
El presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados Jesús Zambrano, señaló que cualquier revisión a la reforma educativa debe pasar por el Congreso de la Unión y que los cambios que se pudieran realizar se deben hacer por la vía institucional.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.