Lo cierto es que tras haber terminado esta semana, las preguntas que merodean a los profesores de estos niveles educativos, ¿cómo iniciarán a trabajar? Si con el programa 2011, con el 2017, con los aprendizajes fundamentales para hacer un buen diagnóstico que los instale en conocer bien a sus estudiantes y de allí poder partir hacia algo que les de mucha certeza en lo que harán, o en el mejor de los casos comenzar a tomarse en serio esta propuesta de la NEM y hacer caso a lo que dice Freire (2019) en su texto pedagogía de la autonomía, “quien se está formando, desde el principio mismo de su experiencia formadora, al asumirse también como sujeto de la producción del saber, se convenza definitivamente de que enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades de su producción o de su construcción.” (pág. 24)
Trabajar en la formación de los docentes en materia de la evaluación, considero que es una deuda que se ha mantenido vigente por varias generaciones en la Educación Básica en México y, que como esa vieja anécdota que les he platicado, solo se ha patentizado y dejado ver hasta ahora gran parte de lo que sucede en las aulas, pero aún falta que se muestre lo más importante. La tarea es complicada, si a ello le sumamos ahora buscar conocer estos planes y programas de estudio y que un efecto metodológico profundo los lleve a comprender y trabajar en y para la comunidad, se arriba aún más complejo.
La primera sesión de Consejo Técnico Escolar (CTE) de la fase ordinaria de este ciclo escolar 2021-2022, desarrollada el pasado 29 de octubre para su tratamiento, se colocaron en la agenda dos conceptos que nos parecieron pilares fundamentales para el desagüe de una agenda que trajo a colación un escenario poco satisfactorio, porque confrontó a los docentes a revisar: a) empiezo por mí y b) valoremos los aprendizajes esperados. Temas que de manera horizontal potenciaron la guía que la Secretaría de Educación Pública orientó como marco para llevar acabo esta deliberación.
Después de 18 meses ¡estamos seguros! de que ustedes los docentes han adquirido experiencia para poder hacer frente y poder dar atención a lo que hoy permea y requiere llevarse acabo en las escuelas. “Atender a los estudiantes bajo la idea de una educación hibrida.” Por lo que muy seguramente en colectivo han encontrado respuestas para hacer frente a esta modalidad que requiere nuevos esfuerzos, trabajar en colaborativo y colocar a la escuela como esa comunidad de aprendizaje y, ser el refugio seguro de sus alumnos.
El hartazgo por parte de los profesores que conforman la Educación Básica por el tema de la resiliencia fue uno de los manifiestos más grotescos que permearon antes, durante y al finalizar la sexta sesión de CTE. La actividad que fue llevada a cabo este 12 de abril de 2021, los mentores dejaron ver su disgusto ante este objetivo, porque consideraron que son atropellados en sus emociones, al expresar que sus superiores no propician también en ellos, el poder potenciar como sus líderes, la resiliencia en su personal. Un grito que se vociferó y expresaron ¡nosotros también requerimos que nos ayuden!
Sin lugar a duda la tercer y cuarta sesión de CTE correspondientes al 7 y 8 de enero ha tomado de sorpresa y ha llevado a trabajar a los docentes en un tapujo muy interesante que alude a la evaluación. Y a una evaluacion que se ha denominado en el campo de la educación de tipo formativa, donde desde nuestro supuesto la concebimos como un constructo que nos obliga a reconocer ¿Qué están aprendiendo los alumnos? ¿Cómo están aprendiendo? Pero sobre todo ¿Cómo están enseñando los docentes de educación básica? Quehaceres que obligan al educador a especular ¿en dónde están las debilidades o áreas de oportunidad de sus estudiantes? Que los lleve como sui generis, hacia una atención casi personalizada de los estudiantes.
Cuando revisamos la guía correspondiente a la segunda sesión de Consejo Técnico Escolar, inmediatamente sentimos una gran emoción porque esa exploración nos posicionó en una temática que inundó las esperanzas para seguir pensando y creyendo en la docencia, para seguir pensando en la enseñanza, para seguir cuestionando ¿Cómo aprenden los estudiantes? Para continuar en la expectativa de ¿Cómo enseñan los profesores? Interrogantes que llevaban como consecuencia un tinte de optimismo, de creer que “si se puede”, pero sobre todo que como versamos acá, darle la palabra al maestro para que hable y nos cuente lo que “les duele” escribiéndolo a como decimos “ras de piso”, para tomar en cuenta su experiencia cotidiana en la interacción con los alumnos cara a cara y con los padres de familia. Alegría que nos llevó a pensar en la escuela y de allí seguir examinándola. Porque tal vez así podremos ser empáticos con los profesores.
La trascendencia y la importancia que tiene en los afanes docentes por evaluar, es un tema que en la jerga de los profesores es una contumacia que deja o no, ver lo que se hace en el aula de clase. Recordé aquella frase para fraseando a Monereo, dime como enseñas y te diré como evalúas, Slogan que pone el dedo en la llaga porque en sus contestaciones están dos ejes que vertebran una gran parte de lo que es el sistema educativo, la evaluación y la enseñanza. La intencionalidad que se mueve es pronunciarme para hacer ver a los profesores que, en la evaluación, deviene una oportunidad para tomar decisiones, o de cambiar el paradigma de conceptualizarla y definirla en su cotidianeidad de forma diferente. Que la resonancia que se deriva, es que les ayude a articularse como un aparato reflexivo, un andamiaje para tomar mejores decisiones, que se concreten en pensar ¿cómo aprenden sus alumnos? ¿cómo evaluar de manera pertinente ante las contingencias que hoy se tienen? Pero también de explicar ¿por qué no hay un acompañamiento pertinente que ayude al docente a disipar sus dudas en materia de evaluación?
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.