El inicio del siglo XX mexicano vio nacer una lucha revolucionaria que aglutinó a diversos sectores y líderes en torno al combate de la dictadura de Porfirio Díaz. Este movimiento armado tenía un doble propósito: el mejoramiento de la vida democrática del país, pero también de sus condiciones sociales. Uno de los principales líderes, Emiliano Zapata, veía con escepticismo los alcances de la revolución democrática, personificada en Francisco I. Madero. El Caudillo del Sur expresaba, un tanto pesimista, la intrascendencia del mejoramiento de las prácticas electorales ante los problemas serios que aquejaban al campesinado: “éste ha visto que con elecciones o sin elecciones, con sufragio efectivo y sin él, con dictadura porfiriana y con democracia maderista […], siempre y de todos modos él sigue rumiando sus amarguras, padeciendo sus miserias” (Magaña,1985, citado en Ávila, 2019, p.192). Así pues, las mejoras democráticas no habían permeado suficientemente en la resolución de los problemas agrarios.
Las letras chiquitas cambian por completo el sentido de una oferta comercial, de la prestación de un servicio, de las características de un producto y de la naturaleza de un contrato laboral. Su omisión puede generar falsas expectativas. Parece que en la conferencia matutina del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, el pasado 12 de septiembre, en la que refirió haber propuesto el otorgamiento de plazas automáticas a los egresados normalistas, sin evaluación de por medio, faltó hacer mención de las letras chiquitas. Apenas una semana después, tras la aprobación de las leyes educativas secundarias en la Cámara de Diputados el 19 de septiembre, es posible advertir que lo dicho por el presidente no estaba totalmente apegado siquiera a los proyectos de decreto que se discutieron ese día: los exámenes de ingreso al servicio continúan y no existe tal pase automático, simplemente se trata de priorizar a los normalistas sobre los de otras instituciones de educación superior al momento de seleccionar a quienes ocuparán las plazas disponibles. Faltaron pues muchas precisiones en el mensaje presidencial.
Las letras chiquitas cambian por completo el sentido de una oferta comercial, de la prestación de un servicio, de las características de un producto y de la naturaleza de un contrato laboral. Su omisión puede generar falsas expectativas. Parece que en la conferencia matutina del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, el pasado 12 de septiembre, en la que refirió haber propuesto el otorgamiento de plazas automáticas a los egresados normalistas, sin evaluación de por medio, faltó hacer mención de las letras chiquitas. Apenas una semana después, tras la aprobación de las leyes educativas secundarias en la Cámara de Diputados el 19 de septiembre, es posible advertir que lo dicho por el presidente no estaba totalmente apegado siquiera a los proyectos de decreto que se discutieron ese día: los exámenes de ingreso al servicio continúan y no existe tal pase automático, simplemente se trata de priorizar a los normalistas sobre los de otras instituciones de educación superior al momento de seleccionar a quienes ocuparán las plazas disponibles. Faltaron pues muchas precisiones en el mensaje presidencial.
El pasado 12 de septiembre, el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, anunció haber propuesto el otorgamiento automático de plazas docentes para los egresados de Escuelas Normales. Al ser cuestionado sobre la pertinencia de tal medida, el jefe del poder ejecutivo expuso su confianza en que la preparación que se brinda en estas escuelas es suficiente para el desempeño de la función docente, por lo cual, incluso, la evaluación de ingreso no se encuentra contemplada. Independientemente de la precisión del diagnóstico que motivó la declaración del presidente, lo cierto es que parece devolverle a las Escuelas Normales la confianza en la formación del magisterio que atenderá a la niñez y la juventud del país, situación que se empezaba a diluir en los últimos sexenios. No obstante lo anterior, lo que parece un regalo a las escuelas normalistas, en realidad es un reto de magnitud considerable, pues supone la superación de adversidades a las que se enfrenta el normalismo mexicano.
Después de seis años en que la figura del docente fue profundamente cuestionada y desprestigiada, los discursos en materia educativa del nuevo gobierno federal han tenido como uno de sus ejes la revalorización del magisterio. Una y otra vez se ha dicho que es necesario recuperar la notoriedad social del profesorado y se ha ensalzado su noble labor. Tal discurso ha permeado incluso en la Constitución y en las iniciativas de leyes secundarias educativas, en las cuales se menciona de manera explícita tal requerimiento.
Ha comenzado a circular el anteproyecto de Ley General del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros. Desde el primer artículo de la misma, se advierten ideas tendientes a la revalorización del profesorado, reconociendo su trascendencia en la transformación social y ordenando al Estado a dignificar las condiciones de trabajo del magisterio. Considerando que “más de la mitad de los docentes de educación preescolar y primaria tienen niveles salariales inferiores a los de otros profesionales con contratos de medio tiempo o más” (
Del 12 al 14 de agosto de este año se llevó a cabo en las escuelas de educación básica del país el taller denominado “Hacia una Nueva Escuela Mexicana”. El propósito general de éste, de acuerdo con su guía de trabajo, apuntó hacia la reflexión sobre las modificaciones normativas en materia educativa y los cambios en el aula, la escuela y el sistema para brindar un servicio educativo que tenga repercusiones para la transformación social (SEP, 2019, p. 5). El trabajo se organizó de modo que conformara “un espacio de diálogo y construcción colectiva” (SEP, 2019, p. 5). El desarrollo del taller dejó entrever aspectos positivos y negativos.
Dos meses después de la extinción de la Ley General del Servicio Profesional Docente, suscitada el pasado 15 de mayo de 2019, han salido a la luz pública los primeros bosquejos de la Ley para el Sistema de Carrera de las Maestras y los Maestros, cuyo propósito se centrará en el establecimiento de condiciones para formar, capacitar y actualizar a los maestros, así como revalorizarlos a través del fortalecimiento de su desarrollo profesional y el reconocimiento de su labor. Aunque los documentos que se han ventilado aún representan versiones preliminares sujetas a modificación, permiten formar una idea de las orientaciones que regirán el servicio docente en los próximos años. En el contenido de éstos es posible apreciar situaciones que prevalecen con respecto a la legislación anterior, aspectos a mejorar y también modificaciones acertadas en cuanto a la vida laboral de los profesores.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.