La Tierra, nuestro planeta, ha sido concebida de múltiples maneras a lo largo del tiempo por las diferentes culturas. Hoy en día, aprendemos sobre la Tierra en la escuela en asignaturas específicas – como Ciencias Naturales o Geografía – generalmente concibiéndola como "un sistema físico muerto inanimado”, como lo plantea Carolyn Merchant en su libro “La muerte de la naturaleza” traducido al español en 2023.
Un relato vino a mi mente al pensar hoy en el Día Internacional de la Niña y en las niñas. bell hooks, pedagoga y feminista, narra su experiencia de ser niña afroamericana en los Estados Unidos de América en las décadas de 1950 y 1960 en su libro “Enseñar para transgredir” (2021).
Como madre y como investigadora educativa me pregunto: ¿por qué en los diagnósticos de inicio de ciclo escolar se hace énfasis en identificar el déficit, lo perdido, teniendo como parámetro sólo lo escolar? A la escuela no le importa ni valora lo que los niños y las niñas aprenden fuera de la escuela, no le interesa conocerlo, ni aprovecharlo, ni que se comparta. ¡Qué pena!
Cuestiono y rechazo la idea de que los aprendizajes mínimos para la niñez, con o sin pandemia, sólo tengan que referirse a las matemáticas y el español. Desde antes de la pandemia mis hijas empezaron a notar por sí mismas esta tendencia en su propio proceso de aprendizaje en la escuela. No están satisfechas ni conformes. Ni yo, como madre e investigadora educativa. Las expectativas de la niñez van mucho más allá. Su derecho va más allá. Son conclusiones del fin del ciclo escolar.
Un proceso al vapor, mediado por la descalificación de anteriores procesos y de los actores que han participado previamente en el diseño de los libros de texto gratuitos, sin pago a los y las diseñadores(as), y sin ser parte de un proceso más amplio de discusión y definición de qué enseñamos y que aprendemos, es lo que hoy estamos presenciando.
Las historias son poderosas e inspiradoras para la acción. Partamos de la idea de que todas y todos podemos contar historias que expresen nuestras preocupaciones sobre nuestra comunidad - entendida en un sentido amplio - y sobre nuestro entorno, que también expresen nuestros conocimientos y prácticas para resistir, sobrevivir y transformar ese entorno hacia una vida sana y un mejor vivir.
El problema educativo asociado a la pandemia está en proceso de construcción, y en este proceso, participan múltiples actores. La enunciación del problema educativo no es objetiva, ni neutral. Hoy por hoy es posible identificar relatos oficiales sobre dicho problema - tanto a nivel federal como emitidos por autoridades educativas locales -, así como diversos relatos alternativos por parte de docentes, sindicatos, investigadores educativos, partidos políticos, etc.
Resumen: Como madre e investigadora educativa, he descubierto que mi hijo y mis hijas han logrado múltiples aprendizajes “in-esperados” y esperanzadores durante el confinamiento en casa: creación artística que alimenta el espíritu, acciones para la sobrevivencia ante la crisis socio-ecológica, empatía y cuidado, generación de preguntas y alternativas para el mundo que estamos viviendo. Valoramos y extrañamos la escuela, pero para el mundo post-Covid19 creemos –como familia– que esta tendrá que replantearse, y los fines de la educación también deben repensarse.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.