Desde la década de los noventa del siglo XX, la evaluación pasó a formar parte de la agenda pública internacional, como vía para determinar la calidad de la educación. En ese sentido, la evaluación se estableció como base de las reformas educativas centradas en el interés creciente de los países desarrollados en supervisar los sistemas educativos en función de los niveles de rendimiento de los estudiantes y docentes mediante pruebas de evaluación estandarizadas para mejorar la calidad de la educación.
Las distintas y encontradas declaraciones sustentadas recientemente por diversos actores políticos, sindicales, sociales, académicos sobre el destino que tendrá la Reforma Educativa (¿abrogación?, ¿cancelación?, ¿suspensión?, ¿derogación?, ¿reforma?) nos llevan a suponer que Esteban Moctezuma, quizá no sea la persona idónea para ocupar el cargo de secretario de Educación Pública y concertar un renovado Acuerdo Nacional sobre la Educación. Los hechos hablan por sí mismos. Un ambiente marcado por las iniciativas legislativas ambiguas (la del senador Martí Batres y la del grupo parlamentario del PT en la Cámara de Diputados), las posiciones radicales de la CNTE, los despropósitos del SNTE, las resistencias del actual secretario Roldán y del INEE, los discursos puristas de Mexicanos Primero, las inconsistencias del próximo secretario y las contradicciones del presidente, AMLO, nos hablan de una democracia vapuleada: se antepone el protagonismo, las simulaciones y la mezquindad política de los actores.
Los adolescentes y jóvenes han sido confinados en categorías estadísticas rígidas, donde existen más lagunas que certezas, más ignorancia que conocimiento sobre sus intereses, motivaciones, inquietudes, expectativas y, también, esperanzas, temores y frustraciones. El abandono, desinterés y desprecio profundo de los adolescentes y jóvenes ha sido consecuencia no sólo de la globalización y las políticas neoliberales impuestas a los países en desarrollo sino de la falta de visión y sensibilidad política de la clase gobernante y la imposición de la autoridad patriarcal.
En el proyecto de nación 2018-2024, dado a conocer en noviembre del año pasado por el ahora virtual presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, no se hizo alusión alguna a la educación básica y, en específico, la educación secundaria, salvo referir que se ampliará la cobertura en todos los niveles educativos.
Por muchos años la política educativa se construyó en el marco del presidencialismo autoritario y el corporativismo de Estado. La hechura de la política educativa giraba en torno a intereses de poder, corazonadas o por simple sentido común. En ese sentido, la formulación y el diseño de las políticas educativas habían sido un proceso vertical y cerrado, aunque no predecible en sus resultados, establecido entre dos actores: el ejecutivo federal y el SNTE.
En días recientes, el virtual secretario de Educación del próximo gobierno, Esteban Moctezuma, anunció la descentralización de la SEP a Puebla. El cambio físico de las oficinas de la dependencia educativa no tiene antecedentes previos. Los secretarios, desde la creación de la dependencia, han despachado en la calle de República de Argentina, de la CDMX. Los cambios que se llevaron a cabo en gobiernos anteriores fueron en la organización y funcionamiento del aparato administrativo de la SEP.
A lo largo de nueve décadas, la SEP ha configurado su aparato administrativo y ha sido una de las dependencias federales que cuenta con el mayor número de personal adscrito. La administración del sistema educativo requiere de personal que desempeñan funciones político-legales, técnicas y de control, las cuales norman los servicios educativos. La dependencia educativa cuenta con una plantilla de personal de mandos medios y superiores, operativo, técnico, administrativo y docente que interviene en el desarrollo de sus programas y proyectos institucionales.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.