Quizá no hay tantas como expendios de alimentos chatarra, pero las escuelas son un espacio común hasta en las poblaciones más apartadas, pequeñas y pobres. Sitio compartido por un tercio de la población del país. Lugar al que acuden cientos de miles de profesores y maestras: más de un millón. Incontables aulas, algunas de bajareque y lámina, otras con piso firme y computadoras para todos. No pocas con grietas de tal magnitud que se trasladan a una casa, a la cancha de básquet, la sombra de un árbol, a otra escuela amiga.
En el lado opuesto de las terribles desgracias y derrumbes, los terremotos elevaron la moral pública. ElCielito Lindoprovocaba lágrimas, pero ensalzaba los ánimos. Cientos murieron, miles de heridos y alrededor de un millón de damnificados. México siente el dolor en el mes patrio.
Indescriptible es todo el cúmulo de sentimientos que viví el pasado 19 de septiembre en el Estado de Morelos; esto, mientras me encontraba dando un curso a colegas normalistas de esa bella entidad porque, a fuerza de ser sincero, no existen palabras que puedan plasmar las emociones que se generaron en mi interior por el sismo que buena parte de los mexicanos vivimos ese día. Miedo, angustia, desesperación, impotencia, frustración, desazón, incertidumbre, tristeza, llanto; en fin, tantos y tantos sentimientos que, de una jalón, hicieron que mi seguridad – o al menos la que pienso tener –, se quebrantara, y no es para menos.
El secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño Mayer, informó que otras 573 escuelas de la Ciudad de México cuentan ya con el dictamen de seguridad estructural, por lo que a partir de mañana habrá clases en 676 planteles, e indicó que se mantiene la suspensión de actividades en todos los centros escolares de Benito Juárez, Cuauhtémoc, Iztapalapa, Tlalpan y Tláhuac, donde continúa la movilización de cuerpos de emergencia y de rescate.
En México se nos está cayendo la letra “e”, de escuela y de esperanza. Se ha teñido de rojo sangre. El pasado 19 de septiembre del presente año dejó marcada a la sociedad mexicana, sobre todo a la capitalina. Una vez más sucedió la tragedia, después de treinta y dos años volvió a pasar. ¡No aprendimos la lección!
Mediante un comunicado, señalan que el Servicio de Asistencia Técnica a la Escuela (SATE) debe aportar, mejor que nunca, la atención y apoyo que es su misión, a través de los supervisores, los asesores técnico-pedagógicos, los equipos de programas específicos, los psicólogos y pedagogos dentro de la estructura de cada secretaría estatal, y de la Administración Federal de Servicios Educativos, para el caso de la Ciudad de México.
Aun recuerdo hace 32 años en la misma fecha y el mismo lugar pero el año 1985, el sismo de arriba de 7 grados en escala Richter que sacudió y conmocionó a la ciudad de México, hoy 32 años después sucede lo mismo, en el año 2017. En aquel año apareció el número 1 de la emblemática revista pedagógica llamada “Cero en Conducta” el titulo era elocuente, con una fotografía de un edificio derrumbado el encabezado decía “Las escuelas deberán ser las ultimas en caerse”. Hoy no fue así, un una escuela de organización particular en lo administrativo “Colegio Enrique Rebsamen”, ha sido sacudido por este nuevo sismo de escala 7.2 ahora, se derrumba edificio, mueren niños pequeños de edad preescolar, mueren docentes y hay muchas personas desaparecidas. El hecho de que en un sismo o bajo cualquier riesgo caigan escuelas mueran niños, niñas y docentes en lo simbólico ya es grave en sí, y es muestra de que algo no estamos haciendo bien.
La nota del periódico La Jornada de este viernes 24 dice que hay en el DF 1,800 inmuebles y hay 286 personas fallecidas y una cifra difícil de precisar de desaparecidos. Los datos son sólo un pequeño ejemplo para reflexionar en torno a los riesgos que genera este tipo de desastres.
Recuerdo que en las marchas por Ayotzinapa, y otras antaño también andadas por el que esto escribe, se grita: “Que no te eduque/ la Rosa de Guadalupe”, refiriéndose a un programa muy visto en El Canal de las Estrellas, hoy solo llamado “las Estrellas”.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.