En las últimas semanas, mis escritos han abordado temáticas como la Pedagogía de la Alegría, la Educación que Emociona, Formar para la Empatía etc., con la intención de aportar desde diversas miradas, la reflexión sobre la importancia de las emociones como fundamento de todo lo que hacemos en nuestro vivir y que forman parte importante de la transformación personal y colectiva a partir de la convivencia.
A lo largo de mis escritos he insistido en la necesidad de dar voz a los distintos actores educativos, porque ellos están construyendo experiencias valiosas que debieran servir de base para detonar esfuerzos conjuntos de innovación, que permitan la respuesta oportuna a situaciones emergentes como las que estamos viviendo.
La semana pasada, escribí que, tomando en cuenta a Maturana (2016), educar implica fijar la mirada en un horizonte prometedor, donde la educación ocurre cuando se presenta una transformación con la convivencia.
Termina un año e inicia otro, si bien estamos en un momento difícil para la humanidad y nuevamente en semáforo rojo aquí en Puebla, sigo pensando que podemos mejorar nuestras vidas, tanto colectiva como individualmente, reflexionando en aquello que nos ha funcionado y en aquello que podemos mejorar, porque si nos enfocamos en las sombras en lugar de las luces, poco podemos lograr.
Todos sabemos que las Tecnologías de la información y Comunicación TIC, están asociados a la informática y al manejo de la información y comunicación. De manera importante, en estos tiempos se les ha relacionado de manera importante con la educación, especialmente por su impacto en la creación de redes de intercomunicación e interconexión.
Realizamos nuestro Tercer Encuentro Educativo el pasado jueves, con la participación de la Dra. Lorena García, cuyos planteamientos se centraron en aquellos elementos que tienen que ver con la construcción de comunidades de práctica, entendidas como el grupo de personas que comparten una preocupación, un conjunto de problemas o un interés común acerca de un tema y que profundizan su conocimiento y pericia a través de una interacción continua (Wegner).
Este inicio de mes ha presentado ciertos encuentros y desencuentros en las diversas realidades sociales en las que se sitúan las personas en México. Los temas son diversos y los debates también y la acción reflexiva te invita a mirar críticamente lo que está sucediendo
Estamos por iniciar este ciclo escolar, lo que puedo observar y se sigue presentando es una forma homogénea de percibir esto que se le ha llamado “nueva normalidad”, donde se sigue pensando que entraremos a una realidad que ya de por sí, era compleja y desigual.
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.