Está por terminar el proceso para elegir al rector o rectora de la UAQ. En estos días, se están conociendo públicamente las propuestas de los cinco candidatos (3 mujeres y 2 hombres), pero la elaboración de los diagnósticos, conformación de equipos, reuniones con miembros de la comunidad universitaria y del gobierno, así como la construcción de alianzas y negociaciones llevan ya tiempo.
Durante casi 40 años, la investigación educativa ha identificado los problemas que enfrentamos los y las académicas en la universidad pública mexicana. Precariedad de nuestras condiciones de trabajo, habilitación disciplinar apresurada (Gil-Antón), esquemas de evaluación rígidos, poca atención al desarrollo intelectual y docente, estratificación, y una “participación marginal en el diseño e implementación de las políticas públicas y programas específicos que regulan [nuestro] trabajo” (Galaz y Martínez Stack).
Al contrario de las distintas instituciones públicas de educación superior estatales, en donde el gobernador designa secretamente al director o al rector, la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) se organizó en días pasados para elegir a su rector por el periodo 2018-2021. Esta libertad, claro está, no significa que los universitarios seamos totalmente refractarios a vicios políticos o inmunes a la noción tribal del poder. “Si hay clientelismo con estudiantes, cargada con maestros y un tímido debate entre candidatos es muy nuestra autonomía eh; no se metan”. Esto es un error.
El rector de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), Gilberto Herrera Ruiz, advirtió que con los recortes presupuestales que se realizarán en el presupuesto 2017 en materia educativa, esta casa de estudios podría entrar en quiebra técnica, por lo que se afectarían las tareas cotidianas que se realizan en esta institución.
¿Qué opinaría si le mostraran, con datos, que ahora la humanidad vive mejor que hace 200 años? ¿Cómo se sentiría si alguien sostiene en un estudio histórico que el capitalismo ha funcionado mejor para generar riqueza que los experimentos comunistas, anticapitalistas o revolucionarios de los últimos años?
El Sindicato de Trabajadores y Empleados al Servicio de la Universidad Autónoma de Querétaro (STEUAQ) emplazó a huelga para el primero de marzo de 2015.
—A Alessandro
Como toda organización humana, las universidades tienden a reproducir patrones que pueden ser injustos y arbitrarios para cualquier miembro de su comunidad. No...
Tanto la semana pasada como el miércoles de ésta la doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa, informó que dará a conocer el gabinete del siguiente gobierno federal, 2024-2030, hasta la próxima semana.
Es una verdad conocida que entre los grandes pendientes nacionales se encuentra el tema educativo. Más que un lugar común es una emergencia real, latente, que duele y que nos mueve a imaginar, proponer y actuar ahora, ¡no hay más tiempo!
En las mitologías existen monstruos de todo tipo; filósofos y científicos sociales recurren a ellos para crear metáforas y proponer ideas; como Hobbes con el Leviatán o Nietzsche con las palabras de Zaratustra. No obstante, el título de esta pieza se inspira en un artículo de Javier Sicilia en Proceso, de hace unos años. Pero no se refiere al Estado sino a otro ente: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
En Puebla, desde el 2015, se desarrolló la iniciativa de Comunidades de Aprendizaje CdA, proyecto formativo a cargo de Vía Educación A.C en México. Desde el año 2020, tuve el primer acercamiento con estos jóvenes entusiastas y profesionales que conformaban el equipo: Roberto Olvera y Sinaí Rojas, para después incorporarse Salma Vargas.
Según datos del INEGI, actualmente hay 4.98 millones de estudiantes de educación media superior en México. Entre los ciclos 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula femenina aumentó en un 2.2%, mientras que la masculina disminuyó en un 2.3%. Las mujeres tienen una tasa de eficiencia terminal casi un 10% mayor que los hombres, mostrando una mayor permanencia y éxito escolar. Sin embargo, el primer año de bachillerato sigue siendo el periodo más crítico para el abandono escolar. En los ciclos de la pandemia (2019-2020 y 2021-2022), la matrícula disminuyó un 5.5%, lo que equivale a que unos 283,582 jóvenes dejaron de asistir al bachillerato.